lunes, 13 de enero de 2020

Optimismo y dolor en el deporte

El dolor físico persistente está presente en todo deportista de alto rendimiento, no sólo cuando sufre lesiones sino en su entrenamiento diario.
Ps.Mg.Alejandra Rodríguez
Directora Centro del Dolor CHILE
Miembro Comisión Deporte y Dolor
FEDELAT

Dentro del ámbito de la Psicología del Deporte, existe la opinión compartida de que algunos factores de personalidad están relacionados con la actividad física y el deporte.   Desde esta perspectiva, el optimismo y la competitividad se presentan como dos variables importantes a estudiar para comprender las características psicológicas asociadas a los deportistas.

El deporte es una actividad que ofrece desafíos, aprendizajes y experiencias, en el que se requiere ser resistente, tener autonomía, plantearse y cumplir objetivos, adaptarse a los distintos ambientes y cambios, superar situaciones adversas, dominar el entorno. Todos estos aspectos se verían reforzados especialmente en los deportistas de alto rendimiento.

Los resultados del estudio de García-Naveira, Ruiz-Barquín, Ortín (2015), indican que los deportistas son más optimistas que los no deportistas, y cuanto más edad tengan estos más optimistas son, siendo además, los hombres deportistas de alto rendimiento más optimistas que las mujeres. A su vez, las personas optimistas que además son competitivas obtendrían mayor rendimiento deportivo. Los deportistas más optimistas son más competitivos y están más motivados hacia el éxito y en menor medida a evitar el fracaso, mientras que los atletas más pesimistas son menos competitivos y en mayor medida están motivados a evitar el fracaso.

Ortín et al., (2018)  en su revisión sistemática enfatizan que el optimismo es un factor psicológico moderador en el rendimiento deportivo y los estudios analizados parecen indicar que existe una clara correlación entre optimismo y rendimiento en los deportes.

El optimismo es uno de los factores psicosociales que contribuyen a la resiliencia, constructo de la personalidad que actúa como factor determinante cuando el deportista se encuentra en situaciones de presión, considerado como una variable importante de cara al rendimiento deportivo.

La asociación entre resiliencia y optimismo podría actuar como factor protector frente a la posibilidad de experimentar por ejemplo un burnout.  

De esta manera, podríamos extrapolar lo planteado por Reche et al. (2014) y pensar que el deportista que se lesiona y cursa dolor crónico, si es optimista presentará mejor recuperación que el deportista que posee menor cualidad en ese rasgo o que claramente no lo posee.  Esto se relaciona con los resultados de la investigación de Tutte (2015) en futbolistas, donde se evidencia que los deportistas que padecían síntomatología de burnout, eran más proclives a presentar menores niveles de optimismo.  

La capacidad individual del deportista para controlar el estrés percibido y recuperarse de manera óptima de las cargas de entrenamiento, puede estar mediado por un perfil resiliente y optimista disposicional, a su vez relacionado con la utilización de determinadas estrategias de afrontamiento ante un evento deportivo en concreto y el rendimiento en la misma.

En el estudio de Juarros et al. (2016), los resultados indicaron que los nadadores federados optimistas, es decir, aquellos sujetos con un valor positivo o neutro en el LOT-R, obtuvieron significativamente menores niveles de estrés que los pesimistas, sujetos cuyo resultado en el cuestionario fue negativo. Estos resultados refuerzan la línea de que el optimismo y la resiliencia serían dos constructos que se comportan como un rasgo de la personalidad cada uno. Por lo tanto, el optimismo formaría parte de los factores protectores de una persona resiliente y su sinergia parece evidente, reflejándose en los resultados de Juarros et al. (2016).

martes, 19 de noviembre de 2019

Tipos de Dolor



Kinesiólogo Germán Bannen
Alumno Seminario
Centro del Dolor CHILE

Dolor nociceptivo

Ceptivo: de capturar o percibir. Noci o nocere: daño. Cuando sufrimos daño en algún tejido se produce una respuesta inflamatoria, a veces más notoria, otras menos, pero siempre se presentan ciertas moléculas y células de nuestro cuerpo que responden al daño.

Cuando nos dañamos un ligamento (esguince), un músculo (distenciones o desgarros) o un hueso (fracturas), sufrimos un golpe o un corte en la piel, esta respuesta inflamatoria es percibida por receptores específicos de daño (los receptores de dolor no existen) y la información es enviada a nuestro cerebro para informarle que algo anda mal.

Un montón de información es procesada y ponderada en nuestro cerebro y si este determina que nosotros, o el lugar de donde viene esa información está en peligro, sentiremos dolor.

Para pensar: ¿alguna vez te has encontrado un moretón y no sabes de donde salió? Ahí existe un proceso inflamatorio y la información seguramente está siendo enviada a tu cerebro, pero, ¿por qué no sentiste cuando te golpeaste entonces? ¿por qué no duele ahora?  Tu cerebro toma en cuenta muchas cosas más que sólo la información que viene de ese golpe para determinar si siente o no siente dolor.


Dolor neuropático

Pático: padecimiento o patología. Neuro: nervio. Nuestro sistema nervioso consta de kilómetros de nervios que nos recorren por todas partes. Ellos llevan información de todo tu cuerpo desde y hacia el cerebro.

El dolor neuropático se produce cuando se daña o incomoda a un nervio.  La falta de espacio, el aplastarlo durante mucho tiempo, golpes directos o cortes, falta de flujo sanguíneo, estiramientos fuertes o muy prolongados pueden dañar los nervios.

Sensaciones de corriente eléctrica, calor o quemazón, adormecimiento, pinchazos o agujas que siguen el recorrido de uno o más nervios caracterizan a este dolor.

Este dolor puede ser muy desagradable y preocupante, pero la verdad es que en muchos casos lo único que se necesita es darle movimiento y flujo sanguíneo (oxígeno) a ese nervio.

Sólo cuando estas molestias se mantengan o sigan en aumento los siguientes días, se presenten en varios segmentos o se asocien a pérdida de la sensibilidad o de la fuerza se recomienda consultar a un especialista.


Dolor nociplástico

Noci o nocere: daño. Plástico: modelado, cambio. Esta definición es más compleja y se creó para explicar el dolor que no se asocia a daño en los tejidos. Este se debe a cambios en el sistema nervioso central, en la modulación y procesamiento de la información.

Un ejemplo claro de esto es el síndrome del miembro fantasma, donde alguien que ha perdido una parte de su cuerpo siente dolor en esa parte. Otros ejemplos son la fibromialgia, el dolor lumbar crónico y otras presentaciones del dolor persistente.

Lo que sucede en estos casos es que el cerebro interpreta cosas como peligrosas cuando no hay, o no se está produciendo, daño realmente en una parte del cuerpo.

Sea por exceso o falta de información, y/o interacción con ciertos factores sicológicos, el cerebro concluye que una o muchas partes del cuerpo están en peligro por lo que produce dolor.

Este tipo de dolor propone muchas dificultades y/o desafíos:

-  Para el paciente: a los que muchas veces no le creen sus familias o el personal de salud, pues no hay pruebas en imágenes o exámenes tradicionales de este dolor.

Para el personal de salud: que muchas veces no saben evaluar, diagnosticar o tratar este tipo de dolor.

 -  Para la sociedad: ya que son condiciones muy inhabilitantes, pero poco conocidas, además, de ser muy pevalentes.

La buena noticia es que cada vez se sabe más sobre esto, el sistema nervioso es plástico, y de la misma forma en que se hizo más sensible se puede calmar. Existen distintos profesionales especializados y dedicados a tratar estas afecciones, y las personas que sufren de estas condiciones pueden mejorar su calidad de vida, su funcionalidad y reducir su dolor.

"Ningún profesional de la salud debe cuestionar tú dolor"

viernes, 27 de septiembre de 2019

Catastrofización

Sofía Israel
Alumna en práctica de la Universidad Mayor
Centro del Dolor CHILE SpA


Dentro de la comprensión del ser humano desde la psicología, específicamente cuando nos referimos al dolor crónico, se puede hablar de distintos factores que afectan la manera en que la persona experimenta su diagnóstico y el curso de este, llegando a ser recomendable que el tratamiento médico sea complementado interdisciplinarmente con un psicólogo.

Dentro de aquellos factores tenemos la Catastrofización, pero ¿en qué consiste?

Entendemos Catastrofización, como una respuesta anticipada a los eventos, pero con consecuencias fatales, por lo tanto, se entiende como la predisposición de la persona a mantenerse de forma constante evaluando las situaciones futuras de una manera negativa y sin posibilidad de acción. Por ejemplo, al ocurrir una lluvia inesperada, una persona que presente Catastrofización, estaría pensando en que la lluvia lo imposibilita de realizar sus actividades, ya que no tiene paraguas, que se enfermará teniendo que faltar a sus responsabilidades, por lo cual podrían despedirlo, y además esta durante todo momento pensando en esto.

De la Catastrofización se pueden desplegar tres características centrales que interactúan entre sí en cada persona, las cuales son rumiación, magnificación e indefensión. Estas características podemos definirlas como:

La Rumiación se entiende como una atención focalizada en los pensamientos, algunos casos exclusiva, con la incapacidad de inhibirlos o apartarlos dando la posibilidad de experimentar con pensamientos más amables y adaptativos.  Esto implica un desgaste cognitivo altísimo, el pensamiento no tiene la función de ser repetitivo, sino resolutivo.

La Magnificación la describiremos como un aumento en la proporción de los pensamientos, llegando a percibirse mucho más amenazantes de lo que son realmente.

Por último, la Indefensión, descrita como el sentimiento de ineficacia ante la situación percibida como amenazante. La persona siente que no tiene ni las herramientas ni la posibilidad de realizar un cambio o activar mecanismos ante aquello que percibe como nocivo.



Las tres características mencionadas deberían presentarse todas, sin embargo, desde las manifestaciones clínicas, pueden interactuar en diferentes niveles. Por ejemplo, puede existir una persona que presente Catastrofización, mostrando características de rumiación y magnificación, pero sin presentar indefensión, pensando constantemente, durante todo el día, que su dolor le es insoportable y lo peor que le podría haber pasado, pero si considera que puede hacer algo al respecto, por lo cual consulta en diferentes profesionales y acude a terapias complementarias para aminorar las repercusiones que el dolor pueda provocar en su calidad de vida.

Pero ¿qué puede tener por consecuencia esto en el curso de un diagnóstico? 

Algunos autores plantean que incluso es determinante en la cronificación del dolor. La Catastrofización como un factor cognitivo presente en un consultante puede traer por consecuencia de que aumente su sensibilidad ante el dolor, que aumente la intensidad percibida, y llegue a ser más limitante la posible incapacidad que puede producir el diagnóstico. Por supuesto, todo lo anterior puede provocar que exista una dificultad en la respuesta al tratamiento del dolor crónico, limitando su evolución.

De todas maneras, es importante recalcar que toda persona es un mundo, siendo primordial evitar la problematización de los acontecimientos, y de vital importancia que los tratamientos sean de carácter interdisciplinar, para abarcar desde la mayor cantidad de áreas y con diferentes técnicas el diagnóstico, pudiendo tener el resultado más favorable para la salud del consultante.

martes, 27 de agosto de 2019

La NO verbalización de los afectos



Manuel Deza
Alumno en práctica de la Universidad Mayor
Centro del Dolor CHILE SpA

Es entendido que, para ofrecer un tratamiento exitoso, se deben abordar todos los aspectos que forman la vida del paciente, es decir, el ámbito personal, psicológico y social.

A lo largo del tiempo, se han descubierto y estudiado una serie de factores psicológicos que tienen incidencia en la instalación y permanencia de un dolor físico persistente, por lo que un tratamiento psicológico para el tratamiento de dicho dolor, resulta altamente recomendado.

La Alexitimia, dentro de lo anteriormente mencionado, es considerado un factor relevante a tener en consideración al momento de llegar a consultar por dolor crónico no oncológico.
El nombre como tal proviene del latín, entendiéndose A = Falta, Lex = Palabras, Thymos = Afectos, es decir, es la ausencia o incapacidad de expresar verbalmente lo que se está sintiendo.

“Kutter (2001) plantea que universalmente suelen suprimirse cada vez más las emociones, y las reacciones corporales, por lo que no sería de asombrar que en determinados casos exista una supresión de esos afectos o emociones que supere la tolerancia del organismo humano, explicando la sociogénesis de los trastornos psicosomáticos” (Rodríguez, 2015).

Este factor se despliega mediante cuatro dimensiones cognitivo-afectivas:

1)    Dificultad para identificar y describir sentimientos.

2)    Dificultad para distinguir entre los sentimientos y las sensaciones corporales de la activación emocional.

3)    Reducción o ausencia de pensamiento simbólico.

4)  Un estilo cognitivo orientado hacia lo externo y concreto, correspondiente al “pensamiento operacional”, un funcionamiento cognitivo desprovisto de contenido afectivo.

Una persona que presente alexitimia puede cumplir con las siguientes características:

o   Incapacidad de identificar, reconocer, nombrar o describir las emociones o los sentimientos propios, con especial dificultad para hallar palabras para describirlos.

o   Pobreza en la expresión verbal, mímica o gestual de las emociones o los sentimientos.

o   Falta de captación de las emociones o los sentimientos ajenos.

o   Pensamiento muy concreto y pragmático, con dificultades para el pensamiento abstracto.

o   Relaciones interpersonales estereotipadas y rígidas, enmarcadas en la subordinación o en la dependencia.

o   Inclinación al aislamiento, sin tener sensación de soledad.

En relación con el dolor, tenemos la explicación psicoanalítica propuesta y aceptada hasta la actualidad. Esta propone que, la persona vivencia un sentimiento o emoción, lo que corporalmente se traduce en energía, la persona puede liberar o sofocar esta energía, si solo dispone del segundo camino, esta emoción tiene tres posibles vías de escape.

1) Verbal
2) Corporal (Somatización)
3) Conductual

El modelo propone que las vías verbal y conductual se encuentran bloqueadas a causa de la Alexitimia, dejando libre solo la vía corporal, esta, al recibir mucha energía, se sobrecarga, resultando en un dolor físico que oculte la energía no liberada.







martes, 20 de agosto de 2019

Relaciones sexuales dolorosas (Dispareunia)

Klga. Olga Rincón Ardila
Especialista en Rehabilitación Pelviperineal
Centro de Especialidades en Piso Pelviano (CEPP) Clínica Las Condes/CIREP
Alumna Seminario Dolor del Centro del Dolor CHILE


El dolor durante o después de las relaciones sexuales se conoce como dispareunia. Aunque este problema puede afectar a los hombres, es mucho más común en las mujeres. Las mujeres con dispareunia pueden tener dolor en la vagina, el clítoris o la región genital más externa llamada vulva. Este dolor puede ser superficial, profundo en la vagina o dentro de la pelvis.

Pueden haber factores tanto físicos como emocionales que causen el dolor. Dentro de las causas físicas más comunes de dispareunia podemos encontrar:

-  Sequedad vaginal o falta de lubricación adecuada: puede ser de causa hormonal (menopausia, periodo post-parto, lactancia) o relacionada con algunos medicamentos. También puede estar relacionada con una baja excitación antes del coito o falta de deseo sexual y esto, en algunos casos, estar asociado a otros problemas emocionales.
-  Trastornos de la piel o las mucosas como en el caso de infecciones por hongos, del tracto urinario, o cambios asociados a la radioterapia en la pelvis en pacientes con cáncer.
-   Lesiones o cicatrices como en el caso del parto, desgarros o episiotomías dolorosas. También otras cirugías en la pelvis pueden ocasionar cicatrices que causen dispareunia.

Sin embargo, una de las casusas más comunes de dispareunia es la excesiva tensión muscular del piso pélvico.  Llamamos piso pélvico al conjunto de músculos con forma de “embudo” que delimitan el límite inferior de la pelvis y donde están sostenidos el útero, recto, vejiga, próstata, e intestino. La vagina, la uretra y el canal anal atraviesan esta capa muscular. 

Estos músculos, como cualquier otro musculo voluntario del cuerpo, pueden encontrarse muy tensos o presentar puntos dolorosos. Está tensión suele ser causante de dolor durante la penetración. Generalmente el dolor genital por otras causas, como sequedad vaginal o las cicatrices, que se mantiene en el tiempo puede finalmente causar tensión muscular protectora, generándose una especie de circulo vicioso: dolor-tensión muscular-más dolor-más tensión muscular. 

También puede ocurrir que aspectos emocionales sean el factor inicial y que luego se entre en el circulo vicioso antes mencionado. Cuando el nivel de tensión es muy alto puede incluso generar gran resistencia a la penetración, lo que se conoce como vaginismo.

Debido a la gran variedad de causas del dolor durante la relación sexual es importante una evaluación ginecológica como primera instancia. Si el dolor está relacionado con cicatrices o con un aumento de tensión del piso pélvico la kinesiología pelviperineal es la alternativa de manejo para estas mujeres. 

Un kinesiólogo especialista en estas disfunciones puede ayudar a disminuir la sensibilidad de las cicatrices, a normalizar el nivel de tensión de los músculos y enseñar a controlar esta tensión durante la penetración. El tratamiento por un equipo interdisciplinario también debe incluir el manejo de los aspectos psicológicos que puedan jugar un rol como causa o como consecuencia del dolor.

Lo mas importante es tener claro que el dolor durante las relaciones sexuales no es normal y que puede ser tratado. Buscar ayuda con los profesionales adecuados es el primer paso. 


martes, 6 de agosto de 2019

Modelo Mutualista de Atención: Modelo de Igualdad


Existen dos modelos de atención entre el paciente y el profesional de la Salud.  El Modelo Paternalista es el modelo más retrogrado, el modelo lamentablemente más usado en nuestra realidad.  Este se caracteriza por una relación asimétrica con el paciente, en donde éste está en una posición disminuida, pasiva de inferioridad.  La posición del paciente clásico que calla, no pregunta y acata.  La posición de un paciente que "no sabe", enfermo, que busca ayuda.  Por lo cual, el profesional de la Salud se ubica en la posición de superioridad,  del que sabe y resuelve el problema del paciente.

El Modelo Mutualista da un giro en la relación y plantea una más simétrica, respetuosa y humanitaria.  En donde el paciente es un otro y tiene derecho a opinión, decisión, pudiendo preguntar y participar en la toma de decisiones.  El profesional sin perder su rol de autoridad (el que sabe), se ubica de manera igualitaria, considerando al paciente.

Este modelo se enmarca dentro del Modelo Biopsicosocial de la Salud propuesto en el año 77 por Engel.  Enfatizando dos aspectos: primero, que en toda enfermedad y recuperación intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales y, segundo, la importancia de la relación profesional-paciente como una variable preponderante en la efectividad del tratamiento.

Los estudios son contundentes en afirmar que el vínculo entre profesional y paciente es un factor que se denomina Alianza Terapéutica y se desarrolla dentro del Modelo Mutualista, contribuyendo a:

  • Mejorar el proceso de recuperación
  • Aumentar la adherencia al tratamiento
  • Disminuir el dolor físico persistente
  • Disminuye la cronificación del dolor físico

viernes, 19 de julio de 2019

Nutrición: una buena herramienta para el dolor



La nutrición ha sido escasamente considerada como elemento en el manejo del dolor crónico. Lo cierto es que siendo la alimentación una de las funciones básicas y vitales de cualquier ser, su rol es más protagónico de lo que creíamos. 
Por una parte, el dolor afecta lo que comemos: Nos hace perder interés por alimentarnos y la comida pasa a segundo plano. La mala alimentación afecta nuestro peso, empeora el estado nutricional, genera déficit de nutrientes y aumento del estrés oxidativo, provocando estados de estrés permanente y deteriorando nuestra calidad de vida.

Al contrario, una buena alimentación puede ser capaz de regular nuestro dolor: Una dieta adecuada, no solo regula nuestro peso y con ello disminuye la sobrecarga sobre articulaciones y puntos críticos del cuerpo; sino que también,  aporta los nutrientes y alimentos funcionales necesarios para modular cada tipo de dolor, disminuir la inflamación o condición dolorosa, reestablecer micronutrientes perdidos por el uso de medicamentos o manejar los síntomas gastrointestinales derivados del estrés constante.

Si padeces dolor crónico ya te habrás preguntado cuáles de estas aristas aún no has considerado y requieres dar solución. Para ayudarte a resolverlas y encontrar tu equilibrio, asésorate con un profesional nutricionista y conoce la alianza de Centro del Dolor y Balance Nutrición.

Nutricionistas con experiencia en alimentación consciente, tratamientos funcionales y baja de peso. 

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Optimismo y dolor en el deporte

El dolor físico persistente está presente en todo deportista de alto rendimiento, no sólo cuando sufre lesiones sino en su entrenamiento di...