viernes, 27 de septiembre de 2019

Catastrofización

Sofía Israel
Alumna en práctica de la Universidad Mayor
Centro del Dolor CHILE SpA


Dentro de la comprensión del ser humano desde la psicología, específicamente cuando nos referimos al dolor crónico, se puede hablar de distintos factores que afectan la manera en que la persona experimenta su diagnóstico y el curso de este, llegando a ser recomendable que el tratamiento médico sea complementado interdisciplinarmente con un psicólogo.

Dentro de aquellos factores tenemos la Catastrofización, pero ¿en qué consiste?

Entendemos Catastrofización, como una respuesta anticipada a los eventos, pero con consecuencias fatales, por lo tanto, se entiende como la predisposición de la persona a mantenerse de forma constante evaluando las situaciones futuras de una manera negativa y sin posibilidad de acción. Por ejemplo, al ocurrir una lluvia inesperada, una persona que presente Catastrofización, estaría pensando en que la lluvia lo imposibilita de realizar sus actividades, ya que no tiene paraguas, que se enfermará teniendo que faltar a sus responsabilidades, por lo cual podrían despedirlo, y además esta durante todo momento pensando en esto.

De la Catastrofización se pueden desplegar tres características centrales que interactúan entre sí en cada persona, las cuales son rumiación, magnificación e indefensión. Estas características podemos definirlas como:

La Rumiación se entiende como una atención focalizada en los pensamientos, algunos casos exclusiva, con la incapacidad de inhibirlos o apartarlos dando la posibilidad de experimentar con pensamientos más amables y adaptativos.  Esto implica un desgaste cognitivo altísimo, el pensamiento no tiene la función de ser repetitivo, sino resolutivo.

La Magnificación la describiremos como un aumento en la proporción de los pensamientos, llegando a percibirse mucho más amenazantes de lo que son realmente.

Por último, la Indefensión, descrita como el sentimiento de ineficacia ante la situación percibida como amenazante. La persona siente que no tiene ni las herramientas ni la posibilidad de realizar un cambio o activar mecanismos ante aquello que percibe como nocivo.



Las tres características mencionadas deberían presentarse todas, sin embargo, desde las manifestaciones clínicas, pueden interactuar en diferentes niveles. Por ejemplo, puede existir una persona que presente Catastrofización, mostrando características de rumiación y magnificación, pero sin presentar indefensión, pensando constantemente, durante todo el día, que su dolor le es insoportable y lo peor que le podría haber pasado, pero si considera que puede hacer algo al respecto, por lo cual consulta en diferentes profesionales y acude a terapias complementarias para aminorar las repercusiones que el dolor pueda provocar en su calidad de vida.

Pero ¿qué puede tener por consecuencia esto en el curso de un diagnóstico? 

Algunos autores plantean que incluso es determinante en la cronificación del dolor. La Catastrofización como un factor cognitivo presente en un consultante puede traer por consecuencia de que aumente su sensibilidad ante el dolor, que aumente la intensidad percibida, y llegue a ser más limitante la posible incapacidad que puede producir el diagnóstico. Por supuesto, todo lo anterior puede provocar que exista una dificultad en la respuesta al tratamiento del dolor crónico, limitando su evolución.

De todas maneras, es importante recalcar que toda persona es un mundo, siendo primordial evitar la problematización de los acontecimientos, y de vital importancia que los tratamientos sean de carácter interdisciplinar, para abarcar desde la mayor cantidad de áreas y con diferentes técnicas el diagnóstico, pudiendo tener el resultado más favorable para la salud del consultante.

martes, 27 de agosto de 2019

La NO verbalización de los afectos



Manuel Deza
Alumno en práctica de la Universidad Mayor
Centro del Dolor CHILE SpA

Es entendido que, para ofrecer un tratamiento exitoso, se deben abordar todos los aspectos que forman la vida del paciente, es decir, el ámbito personal, psicológico y social.

A lo largo del tiempo, se han descubierto y estudiado una serie de factores psicológicos que tienen incidencia en la instalación y permanencia de un dolor físico persistente, por lo que un tratamiento psicológico para el tratamiento de dicho dolor, resulta altamente recomendado.

La Alexitimia, dentro de lo anteriormente mencionado, es considerado un factor relevante a tener en consideración al momento de llegar a consultar por dolor crónico no oncológico.
El nombre como tal proviene del latín, entendiéndose A = Falta, Lex = Palabras, Thymos = Afectos, es decir, es la ausencia o incapacidad de expresar verbalmente lo que se está sintiendo.

“Kutter (2001) plantea que universalmente suelen suprimirse cada vez más las emociones, y las reacciones corporales, por lo que no sería de asombrar que en determinados casos exista una supresión de esos afectos o emociones que supere la tolerancia del organismo humano, explicando la sociogénesis de los trastornos psicosomáticos” (Rodríguez, 2015).

Este factor se despliega mediante cuatro dimensiones cognitivo-afectivas:

1)    Dificultad para identificar y describir sentimientos.

2)    Dificultad para distinguir entre los sentimientos y las sensaciones corporales de la activación emocional.

3)    Reducción o ausencia de pensamiento simbólico.

4)  Un estilo cognitivo orientado hacia lo externo y concreto, correspondiente al “pensamiento operacional”, un funcionamiento cognitivo desprovisto de contenido afectivo.

Una persona que presente alexitimia puede cumplir con las siguientes características:

o   Incapacidad de identificar, reconocer, nombrar o describir las emociones o los sentimientos propios, con especial dificultad para hallar palabras para describirlos.

o   Pobreza en la expresión verbal, mímica o gestual de las emociones o los sentimientos.

o   Falta de captación de las emociones o los sentimientos ajenos.

o   Pensamiento muy concreto y pragmático, con dificultades para el pensamiento abstracto.

o   Relaciones interpersonales estereotipadas y rígidas, enmarcadas en la subordinación o en la dependencia.

o   Inclinación al aislamiento, sin tener sensación de soledad.

En relación con el dolor, tenemos la explicación psicoanalítica propuesta y aceptada hasta la actualidad. Esta propone que, la persona vivencia un sentimiento o emoción, lo que corporalmente se traduce en energía, la persona puede liberar o sofocar esta energía, si solo dispone del segundo camino, esta emoción tiene tres posibles vías de escape.

1) Verbal
2) Corporal (Somatización)
3) Conductual

El modelo propone que las vías verbal y conductual se encuentran bloqueadas a causa de la Alexitimia, dejando libre solo la vía corporal, esta, al recibir mucha energía, se sobrecarga, resultando en un dolor físico que oculte la energía no liberada.







martes, 20 de agosto de 2019

Relaciones sexuales dolorosas (Dispareunia)

Klga. Olga Rincón Ardila
Especialista en Rehabilitación Pelviperineal
Centro de Especialidades en Piso Pelviano (CEPP) Clínica Las Condes/CIREP
Alumna Seminario Dolor del Centro del Dolor CHILE


El dolor durante o después de las relaciones sexuales se conoce como dispareunia. Aunque este problema puede afectar a los hombres, es mucho más común en las mujeres. Las mujeres con dispareunia pueden tener dolor en la vagina, el clítoris o la región genital más externa llamada vulva. Este dolor puede ser superficial, profundo en la vagina o dentro de la pelvis.

Pueden haber factores tanto físicos como emocionales que causen el dolor. Dentro de las causas físicas más comunes de dispareunia podemos encontrar:

-  Sequedad vaginal o falta de lubricación adecuada: puede ser de causa hormonal (menopausia, periodo post-parto, lactancia) o relacionada con algunos medicamentos. También puede estar relacionada con una baja excitación antes del coito o falta de deseo sexual y esto, en algunos casos, estar asociado a otros problemas emocionales.
-  Trastornos de la piel o las mucosas como en el caso de infecciones por hongos, del tracto urinario, o cambios asociados a la radioterapia en la pelvis en pacientes con cáncer.
-   Lesiones o cicatrices como en el caso del parto, desgarros o episiotomías dolorosas. También otras cirugías en la pelvis pueden ocasionar cicatrices que causen dispareunia.

Sin embargo, una de las casusas más comunes de dispareunia es la excesiva tensión muscular del piso pélvico.  Llamamos piso pélvico al conjunto de músculos con forma de “embudo” que delimitan el límite inferior de la pelvis y donde están sostenidos el útero, recto, vejiga, próstata, e intestino. La vagina, la uretra y el canal anal atraviesan esta capa muscular. 

Estos músculos, como cualquier otro musculo voluntario del cuerpo, pueden encontrarse muy tensos o presentar puntos dolorosos. Está tensión suele ser causante de dolor durante la penetración. Generalmente el dolor genital por otras causas, como sequedad vaginal o las cicatrices, que se mantiene en el tiempo puede finalmente causar tensión muscular protectora, generándose una especie de circulo vicioso: dolor-tensión muscular-más dolor-más tensión muscular. 

También puede ocurrir que aspectos emocionales sean el factor inicial y que luego se entre en el circulo vicioso antes mencionado. Cuando el nivel de tensión es muy alto puede incluso generar gran resistencia a la penetración, lo que se conoce como vaginismo.

Debido a la gran variedad de causas del dolor durante la relación sexual es importante una evaluación ginecológica como primera instancia. Si el dolor está relacionado con cicatrices o con un aumento de tensión del piso pélvico la kinesiología pelviperineal es la alternativa de manejo para estas mujeres. 

Un kinesiólogo especialista en estas disfunciones puede ayudar a disminuir la sensibilidad de las cicatrices, a normalizar el nivel de tensión de los músculos y enseñar a controlar esta tensión durante la penetración. El tratamiento por un equipo interdisciplinario también debe incluir el manejo de los aspectos psicológicos que puedan jugar un rol como causa o como consecuencia del dolor.

Lo mas importante es tener claro que el dolor durante las relaciones sexuales no es normal y que puede ser tratado. Buscar ayuda con los profesionales adecuados es el primer paso. 


martes, 6 de agosto de 2019

Modelo Mutualista de Atención: Modelo de Igualdad


Existen dos modelos de atención entre el paciente y el profesional de la Salud.  El Modelo Paternalista es el modelo más retrogrado, el modelo lamentablemente más usado en nuestra realidad.  Este se caracteriza por una relación asimétrica con el paciente, en donde éste está en una posición disminuida, pasiva de inferioridad.  La posición del paciente clásico que calla, no pregunta y acata.  La posición de un paciente que "no sabe", enfermo, que busca ayuda.  Por lo cual, el profesional de la Salud se ubica en la posición de superioridad,  del que sabe y resuelve el problema del paciente.

El Modelo Mutualista da un giro en la relación y plantea una más simétrica, respetuosa y humanitaria.  En donde el paciente es un otro y tiene derecho a opinión, decisión, pudiendo preguntar y participar en la toma de decisiones.  El profesional sin perder su rol de autoridad (el que sabe), se ubica de manera igualitaria, considerando al paciente.

Este modelo se enmarca dentro del Modelo Biopsicosocial de la Salud propuesto en el año 77 por Engel.  Enfatizando dos aspectos: primero, que en toda enfermedad y recuperación intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales y, segundo, la importancia de la relación profesional-paciente como una variable preponderante en la efectividad del tratamiento.

Los estudios son contundentes en afirmar que el vínculo entre profesional y paciente es un factor que se denomina Alianza Terapéutica y se desarrolla dentro del Modelo Mutualista, contribuyendo a:

  • Mejorar el proceso de recuperación
  • Aumentar la adherencia al tratamiento
  • Disminuir el dolor físico persistente
  • Disminuye la cronificación del dolor físico

viernes, 19 de julio de 2019

Nutrición: una buena herramienta para el dolor



La nutrición ha sido escasamente considerada como elemento en el manejo del dolor crónico. Lo cierto es que siendo la alimentación una de las funciones básicas y vitales de cualquier ser, su rol es más protagónico de lo que creíamos. 
Por una parte, el dolor afecta lo que comemos: Nos hace perder interés por alimentarnos y la comida pasa a segundo plano. La mala alimentación afecta nuestro peso, empeora el estado nutricional, genera déficit de nutrientes y aumento del estrés oxidativo, provocando estados de estrés permanente y deteriorando nuestra calidad de vida.

Al contrario, una buena alimentación puede ser capaz de regular nuestro dolor: Una dieta adecuada, no solo regula nuestro peso y con ello disminuye la sobrecarga sobre articulaciones y puntos críticos del cuerpo; sino que también,  aporta los nutrientes y alimentos funcionales necesarios para modular cada tipo de dolor, disminuir la inflamación o condición dolorosa, reestablecer micronutrientes perdidos por el uso de medicamentos o manejar los síntomas gastrointestinales derivados del estrés constante.

Si padeces dolor crónico ya te habrás preguntado cuáles de estas aristas aún no has considerado y requieres dar solución. Para ayudarte a resolverlas y encontrar tu equilibrio, asésorate con un profesional nutricionista y conoce la alianza de Centro del Dolor y Balance Nutrición.

Nutricionistas con experiencia en alimentación consciente, tratamientos funcionales y baja de peso. 

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miércoles, 26 de junio de 2019

Historia del Dolor


Sclga.Tamara Arratia
Socia Fundadora 
Centro del Dolor CHILE

El estudio y tratamiento del dolor no es reciente,  ya en civilizaciones antiguas se utilizaban diferentes técnicas para el manejo del dolor. Pérez-Cajaraville et al. 2005 en su artículo El dolor y su tratamiento a través de la historia (Revista de la Sociedad Española de Dolor) describen los manejos y técnicas que ha tenido el dolor y la evolución de su tratamiento.
El tratamiento del dolor comienza con la técnica básica en civilizaciones primitivas (9.000a.C) que es el uso de frío o calor en la zona afectada. Existe evidencia que en el año 4.000 a.C se trata el dolor con plantas, rituales y nutrición, estás técnicas varían según cada cultura y locación geográfica. Por ejemplo en el año 4.000 a.C se “empleaban el hulgil o planta de la alegría, como llamaban a la adormidera. Esta es la primera referencia histórica que poseemos del uso del opio” (Pérez-Cajaraville et al. 2005, p.1). Hasta el Siglo XVIII se utilizaron distintos narcóticos vegetales; cannabis, hachís, mandrágora, adormidera, hoja de coca, estramonio. Los narcóticos vegetales eran trabajados por chamanes, brujos y maestros dando resultados analgésicos y anestésicos para intervenciones u operaciones.
El origen del dolor también ha sido estudiado en diferentes tiempos históricos, por ejemplo:
El “médico indio Charaka en el año 100 a.C reflejaba la farmacopea india en tres grupos; el “mantras” (formulaciones mágicas y actos religiosos), el segundo compuesto de dietas y alimentación, y finalmente un tercer grupo que era la curación de la mente eliminando la causa que producía dolor”.  (Pérez-Cajaraville et al. 2005, p.3).
Mientras que en China reflejaban el dolor como una pérdida de equilibrio entre el ying y el yang, asentando el dolor en el corazón (Pérez-Cajaraville et al. 2005).
La filosofía griega también estudio las causas del dolor, Hipócrates plantea el dolor “como una alteración del equilibrio normal del organismo, que yacía en el corazón”  (Pérez-Cajaraville et al. 2005, p.4). Aristóteles es el primero que plantea el dolor como “una alteración del calor vital del corazón, a su vez determinado por el cerebro. De este raciocinio se encaminaba a entender el sistema nervioso central (SNC)” (Pérez-Cajaraville et al. 2005, p.5). La postura aristotélica se mantendría vigente casi por veintitrés siglos.
En el siglo XVIII aparecen dos corrientes que se diferencian profundamente. La primera de ellas denominada mesmerismo; consiste en un poder curativo de las manos, y otra corriente que ha predominado hasta hoy  son los estudios de química, física y biología, concentrando  esfuerzos para nuevos tratamientos del dolor y la anestesia.
Es de importancia destacar los problemas de dependencia que comienzan en el siglo XIX, en 1853 Alexander Wood inventa la aguja para suministrar morfina, luego se desarrolla de manera industrial produciendo en la guerra civil norteamericana más de un millón y medio de morfinómanos.
El auge de la morfina como tratamiento del dolor encausa también nuevas  teorías sobre el origen del dolor. Destacando dos principalmente, “La teoría de la especificidad o sensorial. Una segunda teoría de la intensidad” (Pérez-Cajaraville et al. 2005, p.9). En 1930 Leriche médico cirujano es el primero en definir el dolor crónico como una enfermedad, de esta manera la investigación del origen y tratamiento del dolor comienza a ser cada vez más atendida por la medicina.
En 1946 luego de la primera guerra mundial, comienza una relación entre dolor por lesiones y dolor de miembro fantasma, así “la comunidad médica pensará en el dolor como un producto de factores físicos-psíquicos” (Pérez-Cajaraville et al. 2005, p.13).
J. Bonica y Alexander establecen una nueva línea de investigación y tratamiento del dolor, considerando la importancia de tratarlo a través de un equipo, y no solamente desde la perspectiva medicamentosa.
La importancia de Bonica (1953) genera un punto de inflexión en el tratamiento del dolor, da cuenta del escaso conocimiento que tiene el personal sanitario, de esta manera se impulsa la creación de unidades de dolor.
“John Bonica definió el dolor crónico como una forma maléfica que impone al enfermo, a su familia y a la sociedad un grave estrés emocional, físico, económico y sociológico. El concepto implica que el dolor ya no funciona como señal y adquiere en consecuencia la característica de una afección autónoma que debe considerarse en sí misma como una enfermedad” (J. Moscoso, 2013, p.1)
En 1973 se funda la “Asociación Internacional para el Estudio del Dolor”, marcando un claro precedente de la importancia del estudio y tratamiento del dolor crónico maligno o benigno. Moscoso (2013) hace referencia a la medicalización social del dolor crónico, dando cuenta de cómo el ser humano dialoga con su dolor físico, pudiendo ser este dolor orgánico o de carácter psicológico.


martes, 18 de junio de 2019

La deuda de la salud con el dolor crónico


Reportaje de Maritza Cerda
Alumna Periodismo PUC




“Siempre me está doliendo algo (…) La espalda, por ejemplo, me duele siempre. Ya estoy acostumbrada al dolor, así que es como si no lo sintiera, pero a veces hago un movimiento más fuerte o lo pienso y «¡ups, sí! Está ahí»”, dice Camila Portal (26), quien fue diagnosticada con Síndrome de Ehlers-Danlos (SED), un tipo de desorden al tejido conectivo producido por la mala síntesis de colágeno en el cuerpo y que, en su caso, afecta a las articulaciones y al sistema musculoesquelético, produciéndole, entre otras cosas, un dolor permanente y muchas veces incapacitante.

Cada consulta que haca Camila Portal sobre los dolores provocado por el SED implica para ella y su familia gastos en exámenes, remedios, citas con especialistas, tratamientos focalizados y varias otras terapias que muchas veces la disuaden de hacerlo. “Muchas veces yo me veo limitándome a buscar ayuda por el tema de la plata” dice. Si el proyecto de ley es aprobado, Camila y todos quienes sean beneficiarios del Fondo Nacional de Salud (Fonasa) o el Instituto de Salud Previsional (ISP), tendrán garantías de acceso, calidad, oportunidad y protección financiera otorgadas por el Estado, aumentando la cobertura en la población y disminuyendo los gastos familiares.

Así como Camila, son 5 millones de personas en Chile las que sufren de patologías que producen dolor crónico no oncológico (DCNO), es decir, 1 de cada 3 chilenos, según las cifras de la Asociación Chilena para el Estudio del Dolor (Ached). El DCNO se ha constituido en una enfermedad en sí misma, debiendo tratarse de manera interdisciplinar. 

No obstante, el alto precio del tratamiento para el dolor crónico no es la única falencia en el sistema de salud que ha sido recalcada por la Ached. En Chile solo existen 21 unidades de dolor, abocados al tratamiento del dolor crónico oncológico, asociado al cáncer, no unidades de DCNO.  Recientemente se están comenzando a implementar en los centros de salud unidades de DCNO.  El abordaje del DCNO es diferente al dolor crónico de origen maligno.

Para Camila, las complicaciones comenzaron a los 22 años con un fuerte dolor en el pie, pero desde mucho antes que, debido a los dolores persistentes de su cuerpo, sospechaba que algo no andaba bien. Hoy, no puede caminar mucho ni permanecer demasiado tiempo en la misma posición, le duelen las articulaciones con frecuencia, sufre de problemas en las muñecas y en las rodillas y, además, padece de fatiga producto de la mala absorción de vitamina D.

“Sentía un dolor a la altura de la espalda baja, luego comenzó a dolerme el cuello (…) me irradió hacia el brazo derecho y comencé a sentir como pinchazos en la espalda, luego como si me quemara”. Así es como Camila describe el inicio de los dolores que a la larga le han obligado a cambiar gran parte de su rutina diaria. “Ahora tengo que estar muy consciente, demasiado consciente, de todo lo que hago. Tengo que estar pensando «si hago esta caminata, va a tener que ser la única del día», para así no tener más dolores.

El SED, así como las distintas patologías que forman parte del dolor crónico, no tiene cura, y, según cuenta Camila, muchas veces los mismos médicos con los que se atendió poco sabían sobre el síndrome que padece. Es por eso que, además del consumo de medicamentos o la búsqueda de terapias que puedan atenuar los síntomas, a quienes sufren de dolor crónico solo les queda reconocerlo y aceptarlo.

Remedio tras remedio

Damián Neuenschwander (22) consume 10 pastillas al día para intentar calmar los dolores de su espalda, pero hace unas semanas tomaba 14. Si no lo hace, siente como si le estuvieran clavando algo entremedio de las vértebras, un clavo o una espina, y luego lo dejaran ahí o lo retorcieran en su lugar; no puede moverse bien, no puede hacer fuerza, no puede hacer ejercicio y ni siquiera puede mantenerse mucho rato en la misma posición.

Después de casi un año con un tratamiento de lumbago que no surtió efecto, Damián se hizo exámenes nuevamente para intentar averiguar qué era lo que estaba mal. En abril de 2018 le diagnosticaron pelviespondilopatía, un tipo de artritis reumatoide que ataca la espalda baja y que era la causante de sus dolores.

“Siempre que uno tiene problemas en la espalda o algo así, te dicen «lumbago», te dan un relajante muscular por un par de semanas y supuestamente se te va a pasar solo (…) muchas veces se ve de manera un poco simplista el diagnóstico”, dice Damián.

Desde que fue diagnosticado, la familia de Damián ha buscado varias formas de abaratar costos en las pastillas que debe tomar y así no gastar tanto dinero. Tan solo una de las cajas de calmantes que debe consumir y que le dura un mes, cuesta 96 mil pesos.

Alejandra Rodríguez, psicóloga, miembro de la Ached y directora del Centro del Dolor CHILE, hace una crítica al tratamiento que se otorga en el sistema de salud a las patologías de DCNO asegurando que “el modelo biomédico está obsoleto en el manejo del DCNO, ya que es insuficiente.  Están comprobados, desde el año 77 que en el dolor físico persistente participan factores psicológicos y sociales, por lo cual, el abordaje debe ser desde el Modelo Biopsicosocial.  Hay una tendencia fuerte a la solución  farmacológica del dolor como única solución, olvidándose de los factores cognitivos, emocionales y conductuales que tienen evidencia científica en la participación del DCNO”.

El Centro del Dolor CHILE nació hace dos años con el objetivo de brindar atención a los pacientes con DCNO desde la psicología, centrándose en los factores mentales y sociales para ayudar a quienes lo padecen a aminorar la dolencia y así mejorar su calidad de vida.   El centro está formado por psicólogos especializados en dolor que brindan asistencia con técnicas que son eficaces en la reducción del dolor.

Antes de la creación del Centro del Dolor CHILE, no existía en Chile ningún centro que abarcara el DCNO desde psicológico, por lo que primaba la atención meramente médica y con foco en lo farmacológico, dejando de lado los factores psico-sociales que pudieran estar implicados.

Una de las características del DCNO según lo que definió la Ached, es el impacto negativo en el estilo de vida. Depresión, ansiedad, trastornos de sueño, discapacidad, ausencia laboral y menor interacción social son solo algunas de las formas en las que el dolor crónico afecta la rutina diaria de quienes lo padecen. Según las estadísticas de licencias médicas y subsidio por incapacidad laboral de 2016, las personas con enfermedades musculoesquelético de este tipo representan el 21% de la discapacidad a nivel nacional. Por otra parte, según datos de Fonasa y el Seguro de Invalidez y Sobrevivencia (ISIS), el lumbago es la segunda mayor causa de licencias médicas y ausentismo laboral.

Refiere, Alejandra Rodríguez, “los costos sanitarios y no sanitarios son enormes.  El DCNO afecta tanto al individuo como a su entorno, a su pareja, familia, hijos.    Sus ámbitos laborales, sociales se ven mermados.  Afecta la productividad laboral, los costos económicos son tanto para los pacientes como para el país.  La segunda causa de ausentismo laboral en Chile, es el lumbago crónico (LC), siendo del 100% el 75 a 80 % inespecíficos (LCI), es decir, que no tienen una causa anatomopatológica, según los estudios del 2017 de la Pontificia Universidad Católica”.

La deuda a una enfermedad invisible

“No hay ningún momento del día en que no me duela algo”, dice Daniela Cifuentes (25), quien fue diagnosticada con fibromialgia en mayo de este año, un síndrome que consiste en la hipersensibilización del sistema nervioso central, lo que produce fatiga y un dolor muscular generalizado y persistente. “En días malos, hasta las sábanas de la cama me duelen”.

Daniela llevaba varios meses aguantándose el dolor de cuello y espalda con que despertaba cada mañana cuando los problemas de colon, la fatiga y el mal sueño la hicieron buscar la ayuda de especialistas. Los exámenes del reumatólogo no arrojaron nada fuera de lo común que pudiera explicar los dolores de su cuerpo, y ante ese panorama complejo, el diagnóstico fue fibromialgia, “la enfermedad del descarte”, dice Daniela Cifuentes.

“Es un cansancio…es difícil de explicar, pero sientes que te vas a morir de cansancio, como que tu cuerpo no da más”. Así es como Daniela describe los dolores que la han obligado a cambiar toda su rutina diaria para convivir con la fatiga constante y los problemas de sueño. “Antes me podía quedar toda la noche estudiando o haciendo un trabajo, pero el último semestre, que tenía la tesis, tenía la práctica y ramos, justo me enfermé y ya a las 9 de la noche yo quería puro acostarme. En el fondo tuve que reorganizar todos mis horarios”.

Ante los altos precios, el desconocimiento y la falta de un tratamiento integral en Chile, Daniela se siente decepcionada con el sistema de salud. “Siento que las patologías de dolor crónico no son muy reconocidas (…) La fibromialgia en particular, muchos médicos ni siquiera la reconocen como una enfermedad y te dicen que mejor vayas al psiquiatra o al psicólogo (…) No creo que haya tanto interés tampoco porque muchas son enfermedad muy extrañas, así que creo que falta interés, investigación y hacerlo más público, más visible”.

Para la sociedad, estos pacientes no existen. Solo el mismo paciente alcanza a percibir que su dolor es real” dice Lorena Oyanadel. La falta de información y de formación de especialistas en dolor, según la fisiatra, son algunas de las causas que han contribuido a la deuda que ella cree que tiene el sistema de salud con los enfermos de dolor crónico.

“Lamentablemente cuando los profesionales de la salud, derivan al psicólogo, lo hacen la mayoría de las veces de manera errada.  No explican, no educan en el dolor al paciente.  Pareciera que la derivación al psicólogo, hace dudar de la veracidad del dolor, se está cuestionando el dolor”, afirma Alejandra Rodríguez. 

“Cuando tú le explicas al paciente, te das el tiempo, los pacientes entienden.  En nuestra experiencia clínica todos comprenden la necesidad de intervenciones interdisciplinares y que si no se incluye lo psicológico, la probabilidad de mejora es baja.  La eficacia de los tratamientos médicos convencionales o quirúrgicos mejora con la inclusión de la evaluación e intervención de los factores psicológicos en el DCNO”, plantea la directora del Centro del Dolor CHILE.





Catastrofización

Sofía Israel Alumna en práctica de la  Universidad Mayor Centro del Dolor CHILE SpA Dentro de la comprensión del ser humano des...